
Mucha gente cree que vaciar una casa vieja es caro por definición y que el precio es una lotería. El origen de esa idea es que, al pedir presupuesto, se da el dato equivocado: los metros. Y los metros casi no cuentan. Dos pisos gemelos de la Part Baixa pueden acabar uno sin factura y el otro con dos jornadas cobradas, y lo que los separa son tres factores que vamos a desmontar aquí.
Este artículo abre esas variables una a una, con ejemplos del parque de vivienda antiguo de la ciudad: las casas de sillería de dentro de la muralla, las fincas del XIX de la Part Baixa y los pisos grandes de los sesenta del entorno de la Rambla Nova. Al final tienes lo que conviene contar para recibir una cifra cerrada a la primera.
Los metros cuadrados son el dato que menos manda
Sesenta metros llenos de muebles de madera buena pueden pagar ellos solos el día de trabajo, y ciento veinte metros con cuatro cosas mal contadas no llegan ni a la mitad. Lo que decide es el inventario, el destino de cada bulto y la entrada, en ese orden, y ninguna de las tres cosas se lee en una escritura.
De ahí que la primera pregunta que hacemos mire hacia dentro. Cuántos armarios hay, si el comedor es de madera maciza o de tablero, si la calefacción tenía radiadores de hierro, qué guarda el altillo, si la galería lleva años haciendo de almacén y a qué altura está la casa. Con eso ya se dibuja el noventa por ciento del resultado.
El inventario de una casa con años juega a favor
Las viviendas antiguas de Tarragona suelen entregar el contenido con mejor salida comercial de la ciudad. Aparecen aparadores de nogal, cómodas con tirador de bronce, mesas de tablero macizo, sillas de rejilla, bibliotecas enteras, loza de juego completo, espejos con marco, lámparas de pie y hierro fundido de una instalación de calefacción vieja.
Ese conjunto tiene demanda estable en la comarca y actúa como el gran contrapeso de la cuenta. A eso se añaden la tubería de cobre, la grifería de latón, la máquina de coser, la herramienta de banco y las bicicletas guardadas décadas en el trastero. Cuanto más largo es ese listado, más cerca queda el trabajo del coste cero.
Los kilos que se liquidan por tonelada
La otra cara de una casa con años es lo que el tiempo ha ido dejando fuera de circulación. Colchones muy vencidos, tableros hinchados por la humedad, moqueta antigua, sanitarios partidos, restos de una reforma de los ochenta apilados en el altillo o en la terraza, y sacos de material que en su día se guardaron por si acaso.
Todo eso se entrega a peso y la planta lo cobra por tonelada, así que figura como partida propia y con sus kilos contados. Un rincón con ese material apenas mueve la resta; media casa ocupada por él la mueve de verdad, y conviene decirlo antes y no el día del vehículo, que es cuando ya no hay margen para decidir.
La escalera de piedra y la franja de carga
La tercera variable es la entrada, y en el parque antiguo se nota con especial claridad. Dentro de la muralla los tramos son cortos, la huella del peldaño es corta y alta y el descansillo deja el ancho preciso para girar un colchón de pie, de modo que el mueble grande se abre en piezas arriba antes de emprender el descenso.
A eso se suman la losa, los pivotes y la ventana horaria de carga que ordena la circulación en el recinto histórico. El vehículo aguarda en el punto habilitado más cercano y cada pieza recorre ese tramo en brazos. En la Part Baixa, en cambio, muchas escaleras del XIX recibieron cabina en los años ochenta y noventa, y ahí la película cambia por completo.
Horquillas que manejamos en la ciudad y qué las mueve
Con las tres variables sobre la mesa, las cifras dejan de ser un misterio. Una casa antigua de dentro de la muralla, cargada de mueble macizo y hierro pero situada en un principal o en una finca con cabina, cierra en cero con mucha frecuencia. La misma casa en una tercera altura a pie de escalera se mueve en una horquilla de unos trescientos a seiscientos euros por las horas de acarreo.
Si además el altillo guarda escombro de una reforma vieja, la partida de planta añade su peso y la cifra puede acercarse a los mil euros en las viviendas más cargadas. Cada una de esas líneas viaja separada en la respuesta, con las horas por un lado y las toneladas por otro, para que se puedan comparar con cualquier otra oferta.
Qué contar en el mensaje para recibir una cifra cerrada
El recorrido que mejor funciona dura un minuto largo y va sin prisa: estancia por estancia con las puertas de armario abiertas, cocina y baño, una parada en la galería, otra en el altillo o en el cuarto del terrado, la altura dicha en voz alta y una toma final del portal desde la acera de enfrente, para que se vean el ancho de la calle y el punto donde cabría el vehículo.
Con ese material la respuesta deja de ser una banda y pasa a ser un número con nombre y apellidos, escrito el mismo día en horario laboral. Aquí tienes las dudas que nos llegan a diario y aquí la forma de mandarnos el recorrido.
Enséñanos el altillo y la escalera y te devolvemos la cifra desglosada hoy
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